jueves, 26 de marzo de 2009

Primer día...subestimar un gran esfuerzo...obcecación.

Eran varios días los que llevaba ya rondando esas preguntas por su mente, tan simples pero tan profundas a la vez.Aún no había conseguido encontrar una respuesta a todas ellas, una respuesta digna de un buen profesor, un buen científico como él...
Lejos de querer compararse con el mismísimo Freud, nuestro tan nombrado científico intentaba entender el por qué de esas inquietantes preguntas expuestas por sus alumnos, todo un reto para él, pues nunca antes se le había trabado tanto rato una idea en la cabeza.
Esa noche no conseguiría pegar ojo.Él, que acostumbraba a dormir a pierna suelta, ya se podía juntar el cielo con la tierra, que él seguía durmiendo.Pero esa noche no, no pegó ojo.
La suerte la tuvo pues su amada futura esposa tuvo que salir la noche anterior de viaje de negocios,así le dejaba "cancha" para poder concentrarse aún más en sus ideas.
No, no, después de aquella mala noche y ante su sorpresa al día siguiente, pudo observar que no se sentía cansado,ni atisbo alguno de bostezos, ni tan siquiera un leve suspirillo en la sobremesa de aquél viernes...eso fué lo que lo empujó a decidirse...a partir de ese día no pensaba volver a tocar su cara contra la almohada, no , hasta que consiguiera demostrar a sus curiosones alumnos que la cordura no desaparecía por una simple aparición de estrés o cansancio en el cuerpo.Él intentaba corroborar lo que tantos años había escritos en sus tesis: la cordura y la locura nos vienen destinadas desde que nacemos, según nuestros mapas genéticos.

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